Estimado Señor
Nunca creí en el poder de las palabras, y los echos nunca me demostraron lo contrario. Puede que la soledad me haya invadido hasta tal punto que ya todo atisbo de relación social me produzca una hurticaria en el alma que no consigo rascar.
Parece ser que usted es el único capaz de abrir las puertas de la ambición, por eso le envío esta misiva. He intentado por todos los medios ponerme en contacto con usted, incluso esperando en el hall de su hotel durante varias horas, pero nadie parecía saber nada.
No perderé la calma, ya que la sangre fría es lo que distingue a un caballero de un animal, sin embargo debo decirle que llegados a este punto y a esta situación, debemos reunirnos para llegar a encontrar una solución a nuestro problema común.
Me han contado que usted ya no es el mismo, que todavía viaja de vez en cuando a las profundidades del ser, que sigue buceando en las aguas de la nostalgia, pero que en su mirada ya no brilla la luz eterna del enamorado correspondido. Dicen que hacerle hablar es dificil, mas cuando nos conocimos, me costaba hacerle callar. No lo entiendo. Intento ponerme en su lugar, señor Olvido, pero no lo consigo. Usted siempre ha sido un hombre fugaz, que una vez se va no vuelve. Teníamos un trato, y lo ha roto. No vuelva a hacerlo, señor Olvido, porque si lo hace, mi labor se dificulta hasta límites demasiado extremos.
Desde que tengo uso de razón, si es que la razón es una virtud y no una espina en la moral, he viajado por los caminos más oscuros y me he bañado en las playas con aguas más cristalinas. Me he movido en ambientes demasiado pretenciosos y he dormido bajo cartones en las calles más frías de alguna ciudad. No intento darle lecciones, señor, porque no soy ni maestro ni sabio, pero espero que recapacite.
Morir no me asusta. Nunca me asustó. Pero quiero seguir viviendo tanto como me sea posible, para seguir alimentandome de mi mismo, y seguir siendo el reflejo y la fuente de vida de tantas almas. Quiero seguir haciendo volar la imaginación del bohemio y taladrando los miedos más escondidos de aquel que usa la racionalidad como respuesta.
No me falle, señor Olvido. Quédese en su sitio, que no es otro que el pasado, y déjeme trabajar a gusto en lo que se, y en lo único que soy bueno.
Esperando que no conteste nunca y no vuelva a aparecer.
Atentamente – El Recuerdo
Nunca creí en el poder de las palabras, y los echos nunca me demostraron lo contrario. Puede que la soledad me haya invadido hasta tal punto que ya todo atisbo de relación social me produzca una hurticaria en el alma que no consigo rascar.
Parece ser que usted es el único capaz de abrir las puertas de la ambición, por eso le envío esta misiva. He intentado por todos los medios ponerme en contacto con usted, incluso esperando en el hall de su hotel durante varias horas, pero nadie parecía saber nada.
No perderé la calma, ya que la sangre fría es lo que distingue a un caballero de un animal, sin embargo debo decirle que llegados a este punto y a esta situación, debemos reunirnos para llegar a encontrar una solución a nuestro problema común.
Me han contado que usted ya no es el mismo, que todavía viaja de vez en cuando a las profundidades del ser, que sigue buceando en las aguas de la nostalgia, pero que en su mirada ya no brilla la luz eterna del enamorado correspondido. Dicen que hacerle hablar es dificil, mas cuando nos conocimos, me costaba hacerle callar. No lo entiendo. Intento ponerme en su lugar, señor Olvido, pero no lo consigo. Usted siempre ha sido un hombre fugaz, que una vez se va no vuelve. Teníamos un trato, y lo ha roto. No vuelva a hacerlo, señor Olvido, porque si lo hace, mi labor se dificulta hasta límites demasiado extremos.
Desde que tengo uso de razón, si es que la razón es una virtud y no una espina en la moral, he viajado por los caminos más oscuros y me he bañado en las playas con aguas más cristalinas. Me he movido en ambientes demasiado pretenciosos y he dormido bajo cartones en las calles más frías de alguna ciudad. No intento darle lecciones, señor, porque no soy ni maestro ni sabio, pero espero que recapacite.
Morir no me asusta. Nunca me asustó. Pero quiero seguir viviendo tanto como me sea posible, para seguir alimentandome de mi mismo, y seguir siendo el reflejo y la fuente de vida de tantas almas. Quiero seguir haciendo volar la imaginación del bohemio y taladrando los miedos más escondidos de aquel que usa la racionalidad como respuesta.
No me falle, señor Olvido. Quédese en su sitio, que no es otro que el pasado, y déjeme trabajar a gusto en lo que se, y en lo único que soy bueno.
Esperando que no conteste nunca y no vuelva a aparecer.
Atentamente – El Recuerdo

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